Todo tiene un proposito
Soy Diego Hernandez, nací en la década de los 80’s
en Bogotá - Colombia, hijo de una madre soltera, y un papa con el cual tuve mi último
contacto real a los ocho años de edad, no culpo a mi padre por no estar en mi
vida, no sé qué paso en su mente para tomar la decisión de no volver a vernos, este
tema lo tratare en otro momento.
Fui una persona bendecida y ahora lo entiendo, por
tener una madre que se esmeraba por conseguir lo que yo necesitaba, era una
mujer trabajadora, buena persona y siempre trataba de hacer lo mejor posible su
trabajo. Creo que eso se lo herede, aunque no he llegado a su nivel de
compromiso. No es que mi mama ya no este, simplemente ya está en una etapa en la
que no tiene la obligación de ir a trabajar.
Mi mama era una mujer católica, muy entregada a su
iglesia y a la comunidad donde ella creció, ella y su familia ayudaron a construir
la iglesia del barrio donde vivían, algo que requirió de mucho esfuerzo y que
ahora la veo como un bonito recuerdo de mi infancia.
De niño era muy dado a las cosas de la iglesia, sin
embargo, había algo que no me gustaba tanto, algo le hacia falta a mi relación con
Dios. Tenía que cumplir muchas reglas o costumbres y no entendía por qué. Hoy
se que es la forma en la que los católicos quieren expresar su amor por Dios y
no está mal, simplemente a mí me faltaba algo.
En la iglesia católica yo me ofrecía para ayudar en
lo que necesitaran, a pesar de ser un niño me gustaba ayudar. En muchas ocasiones
llegué a pensar de niño que quería ser un cura, después entendí que no tenia el
don, en especial el de continencia. Jejeje.
A mis ocho años mi tía bisabuela, la cual fue para
mi niñez una persona muy cercana, se enfermo y producto de esa enfermedad y con
la desesperanza de los dictámenes médicos decidieron llevarla a una iglesia cristiana.
Como mi mama y yo nos la pasábamos con ella debido a que mi mama era la encargada
de cuidarla y acompañarla, también fuimos llevados a ese lugar.
Hoy, después de mas de 30 años doy gracias a Dios,
se que mi tía se fue con Dios y aunque su enfermedad no se curó, si vi que su
muerte fue muy tranquila. Fue la primera muerte que presencié, a los 8 años pensé
que se estaba riendo cuando en realidad estaba agonizando, para mi fue un
momento feliz, hasta que me di cuenta que ya había partido.
El miedo me invadió y por primera vez, sentí que
algo intangible me había tocado, fue mi primer acercamiento con el mundo
espiritual, hoy se que el mundo espiritual es real y que afecta nuestro mundo físico.
Mi tía no se sano, era lo que todos querían, pero
seguramente hoy esta con Dios y aunque su enfermedad fue una tragedia para la
familia en su momento, nosotros logramos conocer a Dios de una manera
diferente, una relación directa y sin todas las frustraciones de no poder
cumplir con todos los protocolos.
A partir de los 8 años comencé a asistir de forma simultánea
a mi iglesia cristiana y a mi iglesia católica, hice mi primera comunión por petición
de mi abuela y es algo que me gusto hacer, me sentí bien porque estaba cumpliendo
los deseos de mi abuela y además sentí que estaba haciendo una conexión con
Jesus.
Aunque después me lleno un sentimiento de culpa por
haber traicionado a mi iglesia cristiana, me di cuenta que no estaba mal haberlo
hecho, yo quería estar mas cerca de Dios y de pronto en mi ignorancia era la
forma de acercarme. En ocasiones uno hace cosas para agradar a las personas,
pero no esta agradando a Dios, en ese caso no puedo decir si lo agradé o no,
pero yo tenía la convicción que Jesus me había perdonado por haberme robado un
trompo que luego devolví, por haberle sacado dinero a mi mama para invitar a
almorzar a un compañero. También hoy entiendo que el acusador es el diablo y
que pase lo que pase el siempre va a anotar lo malo para luego mostrarlo.
Después de 30 años mi fe ha crecido, mi amor por
Jesus aumenta y entiendo que el amor de Dios fue tan grande que nos dio a su único
hijo para que pagara la deuda del pecado que tenemos.
Nacimos pecadores, somos pecadores y día a día vamos
a luchar para no cometer errores, Jesus cambio mi vida, aprendí a ver la vida
con otros ojos, aprendí a limitar mis acciones para no dañar a otros, aprendí que
los errores se cometen, pero lo importante es cambiar la mente, pedir perdón y
no volver a cometer el error. Como dice un amigo “ese perro no me muerde dos
veces”. Trato día a día de que el mismo pecado no me muerda dos veces.
Se que aun estoy en un proceso de transformación,
pero soy consiente que debo mantener mi mente enfocada en amar a Dios y amar al
prójimo. Podemos cambiar si nos arrepentimos, creemos en Jesus y lo buscamos.
Comentarios
Publicar un comentario